Llegar a fin de mes cada vez cuesta más: cuando el coste de la vida termina convirtiéndose en deuda

 15-09-2026

Ángel Luis Vázquez 
Economista
Administrador Concursal
Experto en Reestructuración e Insolvencia

Fundador de No Más Endeudamiento


 Llegar a fin de mes cada vez cuesta más: cuando el coste de la vida termina convirtiéndose en deuda


El aumento acumulado del coste de la vida está reduciendo el margen financiero de muchas familias. Cuando los ingresos dejan de ser suficientes, primero desaparece el ahorro, después aparece la tarjeta y finalmente puede comenzar una espiral de endeudamiento.

¿Se puede acabar sobreendeudado sin haber vivido por encima de tus posibilidades?

La respuesta es sí.

Durante mucho tiempo hemos asociado el sobreendeudamiento a un comportamiento muy concreto: personas que gastan más de lo que pueden permitirse, utilizan excesivamente el crédito y terminan acumulando unas deudas que después no pueden devolver.

Pero la realidad es bastante más compleja.

Una familia puede mantener prácticamente el mismo nivel de vida, conservar sus ingresos e incluso controlar razonablemente sus gastos y, sin embargo, comprobar cómo cada mes resulta un poco más difícil llegar a fin de mes.

La explicación es sencilla: si los precios aumentan de forma continuada y los ingresos disponibles no lo hacen en la misma proporción, el margen financiero familiar va desapareciendo.

Una información publicada por La Razón el 13 de septiembre, utilizando datos del INE, cifra en un 26,4 % el incremento acumulado de los precios desde junio de 2018 hasta julio de 2026 y señala que, incorporando agosto, el aumento superaría ya el 27 %.

Más allá de cualquier interpretación política que pueda hacerse de estos datos, existe una realidad económica que merece nuestra atención: vivir cuesta considerablemente más que hace unos años.


El problema aparece cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que los gastos

Alimentación, vivienda, electricidad, combustible, seguros, transporte, educación, gastos de los hijos... Son gastos que forman parte de la vida cotidiana.

Una familia no necesita realizar grandes compras ni llevar un nivel de vida especialmente elevado para empezar a sufrir tensiones financieras.

Imaginemos un hogar que hace unos años podía cubrir todos sus gastos mensuales y todavía conservar 300 euros de margen.

Ese margen servía para ahorrar, afrontar un imprevisto o simplemente absorber algún gasto extraordinario.

Si progresivamente los gastos aumentan en 100, 200 o 300 euros mensuales y los ingresos no crecen en la misma proporción, ese colchón desaparece.

Y cuando desaparece el ahorro comienza una etapa mucho más delicada.


Primero desaparece el ahorro. Después aparece el crédito

La secuencia suele producirse poco a poco.

Un mes surge un gasto extraordinario y se utiliza la tarjeta. Al siguiente hay que pagar los gastos habituales más la cuota de esa tarjeta. Si nuevamente falta dinero, se vuelve a utilizar crédito.

Después puede aparecer un préstamo personal para cancelar las tarjetas y reducir aparentemente la cuota mensual. Durante un tiempo parece que el problema se ha solucionado.

Pero si los ingresos continúan siendo insuficientes para cubrir simultáneamente los gastos familiares y las nuevas cuotas financieras, el desequilibrio reaparece.

Entonces llega una nueva refinanciación. Otra tarjeta. Otro préstamo. O incluso un crédito para pagar créditos anteriores.

El problema ya no es únicamente que la vida se haya encarecido. El problema es que una parte creciente de los ingresos familiares empieza a destinarse a pagar deuda acumulada.


Pedir un préstamo puede solucionar un mes, pero no un déficit permanente

Aquí se encuentra uno de los puntos que considero más importantes.

El crédito es una herramienta financiera perfectamente válida cuando permite afrontar una necesidad puntual y existe capacidad razonable para devolverlo.

El problema comienza cuando utilizamos financiación para cubrir sistemáticamente los gastos ordinarios.

Si una familia ingresa 3.000 euros al mes pero necesita 3.200 para atender sus gastos y obligaciones, pedir 2.000 euros puede resolver temporalmente la situación.

Pero no elimina el déficit mensual de 200 euros. Y además añade una nueva cuota.

Por eso, cuando se empieza a utilizar financiación para llegar regularmente a fin de mes, la pregunta ya no debería ser: “¿Dónde puedo conseguir otro préstamo?” Debería ser: “¿Puedo realmente devolver las deudas que ya tengo sin seguir endeudándome?”


El peligro de pedir dinero para pagar dinero

Existe un momento especialmente delicado en cualquier proceso de sobreendeudamiento.

Es aquel en el que una persona deja de pedir financiación para comprar bienes o servicios y empieza a pedirla para pagar financiación anterior.

Una tarjeta paga otra tarjeta. Un préstamo cancela varios créditos. Una reunificación reduce temporalmente las cuotas, pero alarga considerablemente el plazo.

Y cada nueva operación puede proporcionar una sensación momentánea de alivio.

Pero si detrás continúa existiendo un déficit estructural entre ingresos, gastos y servicio de la deuda, lo único que estamos haciendo es desplazar el problema hacia adelante. Y normalmente hacerlo más grande.


No todas las insolvencias nacen de una conducta irresponsable

Esta cuestión me parece especialmente importante cuando hablamos de Segunda Oportunidad.

Una enfermedad, una separación, la pérdida de empleo, el fracaso de un negocio, una reducción de ingresos o simplemente un incremento continuado de los gastos esenciales pueden alterar completamente una economía familiar que anteriormente era sostenible.

Por eso no debemos confundir automáticamente insolvencia con irresponsabilidad.

Lo verdaderamente importante es analizar cómo se ha generado la deuda, cuál es la situación económica actual del deudor y si existe una posibilidad razonable de recuperar el equilibrio financiero.

Cuando esa posibilidad existe, puede tener sentido reordenar gastos, renegociar determinadas obligaciones o reestructurar la deuda.

Pero cuando los ingresos disponibles ya no permiten atender razonablemente las obligaciones acumuladas, seguir recurriendo a financiación puede agravar todavía más el problema.


¿Cuándo debemos empezar a preocuparnos?

No es necesario esperar al primer embargo. Tampoco a dejar de pagar la hipoteca, recibir una reclamación judicial o acumular deudas con Hacienda o Seguridad Social.

Existen señales bastante anteriores.

Cuando necesitamos utilizar crédito para pagar gastos ordinarios. Cuando pagamos una tarjeta con otra. Cuando solicitamos préstamos para cancelar préstamos anteriores. Cuando prácticamente todos nuestros ingresos desaparecen al principio de mes pagando cuotas. O cuando sabemos que, sin volver a endeudarnos, no podremos atender los próximos vencimientos.

En ese momento el problema merece ser analizado profesionalmente.

Porque cuanto antes se haga el diagnóstico, más alternativas existirán.


La Segunda Oportunidad no debería ser siempre el último recurso

Existe además una idea que deberíamos cambiar.

Muchas personas llegan a asesorarse sobre la Ley de Segunda Oportunidad cuando su situación está completamente deteriorada.

Han agotado los ahorros. Han refinanciado varias veces. Han acumulado intereses. Han utilizado tarjetas. Han recibido reclamaciones. Y en ocasiones han comprometido incluso patrimonio que inicialmente podría haberse protegido o gestionado de otra manera.

La Segunda Oportunidad permite, cuando concurren los requisitos establecidos legalmente, que una persona física insolvente pueda obtener la exoneración de determinadas deudas y recuperar progresivamente su normalidad económica.

Pero acudir a un profesional no significa necesariamente iniciar inmediatamente un procedimiento concursal. Significa, primero, hacer un diagnóstico.

Determinar cuánto debemos, a quién, cuánto pagamos cada mes, qué ingresos tenemos, qué patrimonio existe y si realmente resulta posible recuperar el equilibrio.


La reflexión de Ángel Luis Vázquez

Durante mucho tiempo hemos asociado el sobreendeudamiento con gastar más de lo que uno puede permitirse.

Pero no siempre es así.

También puede producirse simplemente porque aquello que antes podíamos permitirnos ha dejado de caber dentro de nuestros ingresos.

Una familia puede no haber comprado un coche mejor. Puede no haberse mudado a una vivienda más cara. Puede no haber aumentado sus gastos de ocio. Y, sin embargo, encontrarse cada mes con menos dinero disponible.

El verdadero peligro comienza cuando intentamos mantener ese equilibrio recurriendo permanentemente al crédito.

Porque pedir dinero prestado puede solucionar un problema de tesorería durante un mes. Lo que no puede hacer es solucionar indefinidamente un déficit familiar estructural.

Y hay un momento en el que seguir buscando financiación deja de ser la solución y empieza a formar parte del problema.

Saber identificar ese momento puede marcar la diferencia.


Conclusión

El aumento del coste de la vida no convierte automáticamente a una familia en insolvente.

Pero puede reducir progresivamente su capacidad de ahorro y su margen para afrontar imprevistos.

Cuando ese margen desaparece, el crédito puede funcionar durante un tiempo como colchón.

El problema aparece cuando deja de ser excepcional y pasa a convertirse en una fuente habitual de financiación.

Tarjetas, préstamos personales y refinanciaciones pueden entonces generar una espiral en la que cada vez destinamos una parte mayor de nuestros ingresos a pagar decisiones financieras anteriores.

Por eso, cuando una persona empieza a necesitar nueva deuda para atender la deuda existente, quizá haya llegado el momento de dejar de buscar financiación y empezar a buscar una solución.


¿Necesitas ayuda?

Detectar a tiempo una situación de sobreendeudamiento puede marcar la diferencia entre poder reestructurar un problema y llegar demasiado tarde.

Cuando las cuotas empiezan a resultar difíciles de atender, necesitas financiación para llegar a fin de mes o recurres a nuevos créditos para pagar los anteriores, lo mejor es asesorarse de profesionales especializados antes de seguir tomando decisiones que puedan aumentar el problema.

Los profesionales de No Más Endeudamiento te acompañarán a lo largo de todo el proceso, analizando tu situación económica y las diferentes alternativas disponibles para encontrar la solución más adecuada en cada caso.

Más información: info@nomasendeudamiento.com


Referencias

  • La Razón, 13 de septiembre de 2026. “La tortura de llegar a fin de mes: el coste de la vida se desboca un 27% con Sánchez”. Datos del INE utilizados por el medio como referencia.
  • Instituto Nacional de Estadística (INE). Índice de Precios de Consumo.
  • Texto Refundido de la Ley Concursal (Real Decreto Legislativo 1/2020), con las modificaciones introducidas por la Ley 16/2022.
  • Directiva (UE) 2019/1023, sobre marcos de reestructuración preventiva, exoneración de deudas e inhabilitaciones.


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