30-09-2026

Administrador Concursal
Experto en Reestructuración e Insolvencia
Fundador de No Más Endeudamiento
La nueva generación endeudada: menos patrimonio, vivienda más cara y más necesidad de financiación
Los jóvenes no solo tienen más dificultades
para comprar una vivienda. Llegan más tarde a la acumulación de patrimonio y
necesitan recurrir con mayor intensidad a la financiación para conseguirlo. El
problema no es únicamente cuánto cuesta una casa, sino cuánto margen económico
queda después de pagarla.
Durante décadas, la vivienda en propiedad
ha sido uno de los principales mecanismos de acumulación de patrimonio de las
familias españolas.
Comprar una casa no significaba únicamente
disponer de un lugar donde vivir. También suponía ir construyendo, poco a poco,
un patrimonio familiar. Pero algo está cambiando.
Los datos de la Encuesta Financiera de las
Familias muestran una transformación especialmente significativa entre los
hogares más jóvenes: entre aquellos cuyo cabeza de familia tiene menos de 35
años, la propiedad de la vivienda principal habría pasado del 66 % en 2002 al
36,7 % en 2024.
Es una diferencia enorme. Y detrás de ella
existe una realidad económica que merece ser analizada.
Comprar más tarde significa empezar a
construir patrimonio más tarde
Cuando una persona compra una vivienda
mediante una hipoteca, una parte de cada cuota va reduciendo progresivamente la
deuda y aumentando su patrimonio neto.
Quien retrasa diez o quince años la compra
de su primera vivienda retrasa también ese proceso de acumulación patrimonial.
Mientras tanto, debe seguir resolviendo una necesidad básica: vivir en algún
sitio. Normalmente mediante alquiler.
El problema aparece cuando el coste de la
vivienda absorbe una parte tan importante de los ingresos que dificulta
simultáneamente pagar el alquiler y generar el ahorro necesario para comprar en
el futuro.
Se produce entonces una especie de círculo
financiero: pago un alquiler elevado, ahorro menos, necesito más financiación
para comprar, asumo una deuda mayor y dispongo de menos margen económico
después de comprar.
Menos ahorro significa más necesidad de
financiación
Si el precio de la vivienda aumenta más
rápidamente que la capacidad de ahorro, la distancia entre los recursos propios
del comprador y el precio del inmueble se hace cada vez mayor.
Por eso proliferan mecanismos destinados a
facilitar el acceso a la primera vivienda: avales públicos, financiación por
encima del tradicional 80 % e incluso operaciones que pueden acercarse al 100 %
del precio.
Estas medidas pueden resultar útiles para
personas que tienen ingresos suficientes pero carecen del ahorro necesario para
afrontar la entrada. Pero debemos distinguir dos conceptos: una cosa es
solucionar el acceso a la financiación y otra muy distinta solucionar la
capacidad de endeudamiento.
Una generación puede tener ingresos y ser
financieramente más vulnerable
La vulnerabilidad financiera no depende
exclusivamente de cuánto gana una persona. También depende de cuánto debe,
cuánto patrimonio posee, cuánto consigue ahorrar y qué margen tiene para
afrontar un imprevisto.
Dos familias con los mismos ingresos pueden
encontrarse en situaciones completamente diferentes. Una puede disponer de una
vivienda parcialmente pagada, ahorro y poca deuda. La otra puede tener una
hipoteca elevada, préstamos al consumo, gastos familiares importantes y
prácticamente ningún ahorro disponible.
Ingresan lo mismo, pero su capacidad para
soportar una pérdida temporal de ingresos es completamente distinta. Por eso el
patrimonio importa: actúa como un colchón frente a las dificultades económicas.
El problema comienza cuando financiamos
también los imprevistos
Una economía familiar ajustada puede
funcionar perfectamente mientras todo vaya bien. El problema aparece cuando
sucede algo que no estaba previsto: una reparación importante, un periodo de
desempleo, una separación, una enfermedad o un gasto familiar extraordinario.
Cuando no existe ahorro suficiente, esos
imprevistos comienzan también a financiarse. Primero una tarjeta. Después un
préstamo personal. Más tarde una refinanciación.
La deuda deja entonces de utilizarse para
adquirir patrimonio y empieza a utilizarse para financiar la vida cotidiana.
Ese es un cambio que debería encender todas las alarmas.
La reflexión de Ángel Luis Vázquez
Creo que durante demasiado tiempo hemos
analizado el endeudamiento fijándonos únicamente en la deuda. Quizá deberíamos
empezar a observar también el patrimonio que existe detrás de ella.
No es lo mismo deber 150.000 euros teniendo
un activo que vale 300.000 que deberlos sin disponer prácticamente de
patrimonio. Y tampoco es lo mismo asumir una hipoteca a los treinta años que
comenzar a construir patrimonio mucho más tarde, después de haber dedicado
durante años una parte importante de los ingresos al alquiler.
Por eso me preocupa especialmente una
generación que puede encontrarse simultáneamente con tres circunstancias: una
vivienda más difícil de adquirir, menos patrimonio acumulado y una mayor
necesidad de financiación.
El problema no es endeudarse. El crédito
permite estudiar, emprender, comprar una vivienda y desarrollar proyectos. El
problema aparece cuando la deuda crece más rápido que nuestra capacidad
económica para soportarla.
¿Y cuando la deuda deja de ser sostenible?
Una persona puede haber tomado decisiones
financieras razonables y encontrarse años después en una situación
completamente diferente. La insolvencia no siempre es consecuencia de una
conducta irresponsable. Puede aparecer simplemente porque cambian las circunstancias.
Cuando las cuotas comienzan a acumularse,
necesitamos nuevos créditos para pagar los anteriores o nuestros ingresos
ordinarios ya no permiten atender razonablemente todas las obligaciones, seguir
financiando el problema puede empeorarlo.
Ese es el momento de hacer un diagnóstico:
¿estamos ante una dificultad temporal de liquidez, necesitamos reestructurar
nuestra deuda o hemos llegado ya a una situación de insolvencia?
Cuando concurren los requisitos
establecidos legalmente, la Ley de Segunda Oportunidad permite a las personas
físicas insolventes acceder a mecanismos de reestructuración y exoneración de
determinadas deudas.
Conclusión
El problema de la vivienda no termina
cuando conseguimos comprarla. Empieza entonces una relación financiera que
puede durar veinte, veinticinco o treinta años.
Si las nuevas generaciones tardan más en
acumular patrimonio y necesitan más financiación para conseguirlo, su capacidad
para absorber futuras crisis económicas puede ser menor.
Quizá, por tanto, el debate no debería
limitarse a cómo conseguimos que más jóvenes puedan endeudarse para comprar una
vivienda. También deberíamos preguntarnos: ¿estamos creando las condiciones
para que puedan construir patrimonio sin quedar atrapados por la deuda?
¿Necesitas ayuda?
Cuando las cuotas empiezan a resultar
difíciles de atender, necesitas financiación para llegar a fin de mes o
recurres a nuevos créditos para pagar los anteriores, conviene analizar la
situación antes de que el problema siga creciendo.
Los profesionales de No Más Endeudamiento
te acompañarán durante todo el proceso, analizando tus deudas, ingresos,
patrimonio y las alternativas disponibles para encontrar la solución más
adecuada en cada caso.
Más información:
info@nomasendeudamiento.com
Referencias
• Banco de España. Encuesta Financiera de
las Familias (EFF). Evolución de la propiedad de la vivienda principal entre
los hogares jóvenes.
• Texto Refundido de la Ley Concursal (Real
Decreto Legislativo 1/2020), con las modificaciones introducidas por la Ley
16/2022.
• Directiva (UE) 2019/1023, sobre marcos de
reestructuración preventiva y exoneración de deudas.
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