¿Por qué las partes en conflicto no son capaces de sentarse, hablar y encontrar una solución?.

Ángel Luis Vázquez Torres
Economista
Mediador Civil, Mercantil y Concursal.
Administrador Concursal.
Experto contable, financiero y Fiscal.
Coach.
Tf: +34 607 900 777 - Fax: +34 912 208 144


¿Por qué las partes en conflicto no son capaces de sentarse, hablar y encontrar una solución?.

Todos sabemos que cuando los sentimientos están a flor de piel es muy difícil pedir a las personas que se comporten de una forma racional, pero ¿por qué sucede esto?.
Tenemos que acudir a la neurociencia, y al concepto de “secuestro emocional para poderlo explicar. El secuestro emocional se produce cuando perdemos el control de nuestros actos (Caso de Richard Robles, Goleman -1.996)
Los estímulos sensoriales (a excepción de los olfativos), llegan a nuestro cerebro a través del “tálamo” el cual se encarga de “filtrar la información” y enviarla al cerebro pensante (neocórtex) y al cerebro emocional (la amígdala), con una diferencia importante, el camino al neocórtex es muchos mas largo que el camino a la amígdala, por lo que los estímulos sensoriales llegan mucho antes al cerebro emocional que al cerebro racional.
La amígdala es la parte del cerebro especializada en procesar los aspectos emocionales de los estímulos. Si se produjera una desconexión de la amígdala no seríamos capaces de asociar un significado emocional a estos, por ejemplo seríamos capaces de ver a nuestro bebé pero no experimentaríamos ninguna emoción. Cuando esta estructura se daña, las personas carecen de sentimientos como rabia o miedo y ni siquiera son capaces de llorar.
Con el tiempo, el cerebro ha sabido gestionar de alguna forma la intensidad de las emociones. El córtex prefrontal se convierte en una especie de regulador que desconecta la amígdala y permite que se dé una respuesta más racionalizada, lo que implica que en el pensamiento precede al sentimiento. Este hecho es fundamental para la vida emocional ya que permite la evaluación de la emoción dando lugar a los sentimientos. A. R. Luria, neurofísico ruso afirmó ya en la mitad del XIX que el córtex prefrontal constituía la clave para el autocontrol y la represión de los estallidos emocionales.
En situaciones normales los canales neuronales entre los tres cerebros funcionan y actúan coordinadamente ante los estímulos externos, el problema surge, cuando la amígdala que también cumple el rol de centinela de nuestro cerebro detecta alguna “amenaza” (miedo, odio, peligro, ..) reacciona inmediatamente y en pocos segundos declara una especie de “estado de emergencia” reclutando todos los recursos de cerebro para responder a la amenaza y corta toda comunicación con la corteza prefrontal encargada de una reflexión racional. En este momento se dispara la secreción de una serie de hormonas que nos preparan para huir o para luchar, en este momento se tensan los músculos, se agudizan los sentidos y nos ponemos en alerta. En definitiva, son momentos en los que no pensamos, nos dejamos llevar por los sentimientos. En esta situación, en opinión de Josep Folguer, padre de la mediación trasformativa,  las personas en conflicto tienen a experimentar  dos tipos de sensaciones:
-    Debilidad: confusión, miedo, desorganización, vulnerabilidad, pérdida de poder, incertidumbre, falta poder de decisión.
-       Ensimismamiento: autoprotección, suspicacia, a la defensiva, mente cerrada …
Esta dinámica negativa se “retroalimenta en un círculo vicioso”, que intensifica la debilidad y el ensimismamiento de las partes, dando como resultado que la interacción entre las partes degenere tomando un carácter destructivo y deshumanizado, en el que es imposible cualquier acuerdo.
Y por esta razón, las personas, aunque están preparadas de serie (principio de autodeterminación) para resolver sus propios conflictos, en muchos casos no pueden resolverlos por sí mismos y necesita la ayuda de una tercera persona (el mediador) que les ayude a “recuperar el diálogo” para poder realizar cambios positivos en la interacción y encontrar por sí mismo términos y condiciones aceptables para resolver sus diferencias.

No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos – Jacinto Benavente.

El "contexto" en Mediación.

Ángel Luis Vázquez Torres
Economista
Mediador Civil, Mercantil y Concursal.
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El “contexto” en la Mediación.


FUENTE: NO ES LO MISMO - Silvia Guarneri y Miriam Ortiz. Lid Editorial, pagina 48y siguientes
Al igual que en la celebración de una cumbre de Jefes de Estado, las personas que trabajan en el protocolo del evento son conscientes de que el resultado de las conversaciones en muchos casos depende de estos aspectos preparatorios y logísticos, el mediador tiene que ser consciente de que la consecución de un buen acuerdo, satisfactorio y duradero, va a depender en gran medida del “contexto” en el que se desarrolla el proceso de mediación.
Si acudimos a la RAE[1], en su origen etimológico nos dice que procede de la palabra en latín “contextus”, que a su vez puede significar un entorno lingüístico del que depende el sentido de una palabra, frase o fragmento determinado, o un entorno físico o de situación político, histórico, cultural o de cualquiera otra índole, en el que se considera un hecho. Dicho de otra forma, podemos definirlo a todo lo que acompaña a lo que se dice “con el texto”.
Toda mediación, esta inserta en un contexto y todo contexto va influir en la mediación.
Esta es una premisa que como mediadores no tenemos que olvidar nunca, y prestar una especial atención para generar el contexto adecuado en el que las partes sientan que se encuentran en buenas manos, con un profesional competente, en un ambiente seguro, donde pueda abrirse y mostrar sus vulnerabilidades, pues va a ser escuchado con compresión, apoyo y empatía, lo que nos va a permitir como mediadores explorar esquemas mentales en busca de soluciones alternativas.
Como todo en la vida. existen personas con una cualidad innata en la generación de contextos favorables, pero el resto de los mortales no debemos preocuparnos, pues esta habilidad puede adquirirse en la medida necesaria, en base a la práctica y al aprendizaje.
Como mediadores, tenemos que intentar que el contexto trasmita sobre todo “confianza” a las partes, por eso es muy importante “no solo lo que decimos, sino también todo lo que acompaña a lo que decimos”, por lo que es fundamental la manera de como se ha realizado la sesión informativa, de si hemos sido capaces de trasmitir a las partes que se encuentran en buenas manos, que tenemos capacitación profesional suficiente, que todo el proceso se va a desarrollar de forma confidencial y con absoluta imparcialidad, etc. Si en la sesión inicial hemos conseguido conectar y trasmitir todo esto, estamos generando un magnifico contexto para el proceso de mediación.
La lista de aspectos que intervienen  en el contexto es grande, y en algunos casos muy sutiles, pero todos influyen. Pensemos en cosas sencillas, como la manera en la que se realiza la cita, pues no lo mismo que llame una secretaria, a que sea el propio mediador  el que se ponga en contacto; el lugar donde se realizan las sesiones, pues no el lo mismo un ambiente “frio” que un ambiente “cálido”;   el grado de compromiso que les hacemos llegar a las partes, siendo puntuales, evitando cambios de fechas e interrupciones, etc.
Otros aspectos igualmente importantes para generar un entorno positivo es nuestra propia presencia, demostrando en todo momento nuestro interés y compromiso con lo que ocurre en cada momento, mediante una escucha activa, que no es otra cosa que escuchar lo que dicen e interpretar lo que sienten.
Volviendo al ejemplo de la cumbre de Jefes de Estado, los encargados de protocolo saben que si quieren que exista una posibilidad de acuerdo, tendrán que generar el contexto adecuado, pues si existe tal contexto, ya todo dependerá de los asistentes, pero si no se ha generado el contexto apropiado, la cumbre fallará  estrepitosamente. En nuestro caso es muy parecido, porque si existe el contexto adecuado podremos obtener acuerdos satisfactorios y duraderos en el tiempo, pero si no existe el contexto adecuado, no obtendremos acuerdos, ni buenos ni malos.
Acordémonos lo que decía el famoso escritor inglés William Shakespeare:
El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores
 



[1] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA – Diccionario de la lengua española.